Sintoniza en directo la Beatificación de Lolo

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PRÓXIMO SÁBADO DÍA 12 DE JUNIO 19:30 horas

Tiempo Ordinario

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El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe.

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Pascua

Pascua

“Alegraos” (Mt 28,9)

La alegría es la señal de Jesús resucitado. La alegría es la señal de todas las comunidades de Jesús. Donde hay alegría ahí está Jesús. Alégrate. Tu alegría puede ser el sendero que lleve a muchos a encontrar a Jesús.

Tú alegras mi corazón. Canto y toco para ti, Jesús resucitado.

jueves, 18 de febrero de 2010

INTRODUCCIÓN A LA CUARESMA

Los seres humanos estamos llamados a crecer, pero no sólo a crecer físicamente, como si fuésemos un animal o un vegetal más. Ni tampoco a crecer en nuestro tener cosas y alcanzar metas en el plano meramente material. Ciertamente que ese desarrollo es importante. El crecimiento de nuestra dimensión física e intelectual es muy importante. De Jesús nos dicen los evangelios que crecía en estatura y en sabiduría, pero añaden que también en “gracia”. Porque si los hombres nos estancamos en este crecimiento podemos terminar “estrangulando” nuestra dimensión humana, la que nos distingue de otras formas de vida inferiores, y nos permite trascender nuestra mera materialidad y abrirnos a las dimensiones de lo bueno, de lo verdadero, de lo bello, de todo aquello que nos permite vislumbrar los mejores anhelos y deseos que laten en lo más íntimo de nuestro corazón, y nos adentra en la dinámica del don, del amor, de lo que nos introduce   en la experiencia de Dios.
            Al iniciar el adviento se nos recordaba que “la escucha” nos hace nacer a la fe. Porque la escucha nos permite hacernos receptivos ante una palabra que nos llega y que acogemos como Palabra de Vida para mi vida. Así, la cuaresma que comenzamos nos recuerda que, para que esa fe incipiente, ilusionada, enamorada, crezca, tome fuerza, asiente y clave sus raíces en la Roca firme de Cristo, necesitamos orientar la mirada y el corazón a su palabra y a sus actitudes, a toda su vida hecha don, gesto de amor gratuito, forjadora de vida, de esperanza, de sanación y de liberación, allí donde se presenta y es acogida. A eso le llamamos conversión.
            Y, así como la escucha está llamada a convertirse en actitud diaria que nos abre a ese tú a tú que forja la relación con el Amigo, del que ya no se puede prescindir, la conversión nos arraiga en Él. Nos permite caminar mirándole a los ojos, para aprender a mirar con ellos y desde ellos. Porque convertirse, no es tanto mirarnos a nosotros, y a nuestras miserias y contradicciones, sino mirarle a él para que se nos vayan contagiando sus gestos, hasta ocupar todo el espacio de nuestro corazón, de nuestra mente, de nuestros sentimientos, de nuestra voluntad. Y eso no es cosa de un día, sino de toda una vida ilusionada, hecha desde Aquél que sabemos que nos ama y nos invita a amar con Él y como Él.
            Por eso, la conversión no es tarea solamente de un tiempo, aunque nos ayude a ello, sino actitud ilusionada de toda nuestra vida, que ha descubierto la fuente del sentido de nuestro ser humanos, de manera que ya sólo puede y quiere crecer en Él.
            Como nos ha dicho el Papa en su mensaje de Cuaresma de este año, la experiencia de la justicia de Dios que se ha manifestado en su amor y su perdón, volcado en todo hombre, nos invita y nos urge a adentrarnos en todo gesto de justicia que haga prender la llama del amor en nuestra historia hermosa y dolorida, al mismo tiempo. También nuestro obispo en su mensaje cuaresmal, nos ha invitado a adentrarnos en la tarea continua de “purificar” nuestro corazón de todo lo que le impide abrirse a lo mejor de sí mismo y de los demás.
            La llamada a la conversión constante es vital para crecer en nuestra dimensión plenamente humana a lo largo de nuestra vida, a pesar de las dificultades y de tantas voces que quieren superficializarla y banalizarla. Ante esta llamada y recogiendo la frase evangélica que nos repite nuestro obispo a lo largo de toda su carta: “El que tenga oídos que oiga”, iniciamos esta cuaresma 2010 invitándote a abrazar esta tarea retadora e ilusionante en nuestros días:

PARA CRECER EN LA FE: CONVIÉRTETE

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