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PRÓXIMO SÁBADO DÍA 12 DE JUNIO 19:30 horas

Tiempo Ordinario

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El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe.

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“Alegraos” (Mt 28,9)

La alegría es la señal de Jesús resucitado. La alegría es la señal de todas las comunidades de Jesús. Donde hay alegría ahí está Jesús. Alégrate. Tu alegría puede ser el sendero que lleve a muchos a encontrar a Jesús.

Tú alegras mi corazón. Canto y toco para ti, Jesús resucitado.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Viernes Santo: Celebración de la Pasión del Señor 2 de abril de 2010





Ofrecemos, tras las moniciones, Las Siete Palabras --las últimas palabras pronuniciadas por Cristo en la Cruz-- y sobre las que debemos meditar. Es un acto que podriamos celebrar este Viernes Santo por la mañana. La redacción es obra de nuestra colaboradora, Julia Merodio.

Moniciones
 
Nota previa: Se inicia la celebración de la Pasión del Señor con el altar desnudo. Sin mantel, sin nada. Antes de iniciarse el rito puede leerse la siguiente monición que explica el contenido de nuestra liturgia de hoy.

MONICIÓN DE INICIO
Es Viernes Santo. Y nos reunimos hoy para conmemorar el acto supremo de amor de Jesús hacia nosotros: su muerte para nuestra salvación. No es una Eucaristía, no es una misa. Se inicia en silencio, con el sacerdote postrado en tierra, ante el altar. Escucharemos el relato completo de la Pasión según San Juan. Y después iniciaremos un acto de adoración a la Cruz. Intentemos abrir nuestros corazones para comprender, en profundidad, que la salvación nos viene de la Cruz de Cristo. Terminaremos comulgando. El Cuerpo de Cristo que comeremos hoy es el que reservamos ayer –día de Jueves Santo—en el Monumento. Acompañemos a Jesús en estas horas difíciles de su Pasión y Muerte. Sigámoslo por el camino del Calvario. Acerquémonos a Él en estas horas difíciles. Y que nuestra alma se conmueva hasta lo más profundo por el sufrimiento de Nuestro Señor, que para nosotros es salvación para siempre. Comencemos, pues, en silencio, con el corazón abierto a la contemplación viva de las escenas que vamos a rememorar. Nos ponemos de pie…

MONICIÓN ANTES DE LA ORACIÓN UNIVERSAL
Hoy la oración de los fieles –las peticiones—tienen otra característica y es, precisamente, el rezo de una completa oración universal porque rezamos por todos y para todos. Tras cada petición haremos un momento de silencio y el sacerdote rezará una breve oración a la que responderemos con un Amén.

MONICIÓN PARA ANTES DE RECIBIR LA CRUZ
Vamos a adorar la Cruz de Cristo. Vamos a recibirla con la mayor veneración posible. Hoy se convierte en la base de nuestra oración, de nuestros sentimientos, de nuestra fe. Pasaremos después a venerarla personalmente, uno a uno, en procesión de fe, amor y esperanza. Fe, esperanza y amor que surge del convencimiento profundo de que Jesús, con su entrega hasta la muerte, nos ha salvado.

MONICIÓN PARA ESPERAR AL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Lo dijimos en nuestra monición primera. Hoy no hemos celebrado misa. Hoy no hay Eucaristía. El Pan del Cielo que vamos a recibir es –como también hemos dicho—consagrado en la Eucaristía de ayer, del Jueves Santo. El sacramento de la Comunión, la recepción del Cuerpo de Cristo, es camino de amor y unidad. Que hoy, pues, vivamos ese amor y la unidad entre nosotros en su máxima expresión. Juntos vamos a esperar la resurrección del Señor en la gran vigilia eucarística de la noche de mañana: la Vigilia de Pascua.

EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA
Vamos a terminar esta celebración, tras la oración final del sacerdote, en silencio. No hay bendición y saldremos en silencio. Hay un sentimiento de orfandad en estos momentos en toda la Iglesia universal por la muerte de Jesús. Pero junto a esa tristeza está la esperanza total de que el Señor va a resucitar y nosotros con él. Como os decíamos antes, mañana a las (decir la hora) nos reuniremos para celebrar la Resurrección del Señor Jesús en nuestra Vigilia Pascual.

LAS SIETE PALABRAS
Por Julia Merodio
No hace mucho, se hacía el Sermón de las Siete Palabras, con la iglesia llena de gente. Quizá tengamos que hacer un buen examen y darnos cuenta de que lo que les falta a nuestras celebraciones: es calidad y calidez. Por eso este año voy a brindaros un reto: Volver a las Siete Palabras.
Y se podría proponer de la siguiente forma. Orar con cada Palabra durante media hora, para que ocupase toda la mañana. Y poner carteles, en sitios visibles, con el horario de cada una de ellas. De tal forma que la oración duraría tres horas y media pero la gente puede elegir, para orar la media hora que más se acomoda a su necesidad, o la Palabra que más le llegase, al corazón, en ese momento. Por otro lado, también pueden dirigirlo variaspersona distintas, con lo que tampoco supondría, a nadie, un gran esfuerzo y el Señor estaría acompañado toda la mañana.
Ofrezco un horario a modo de ejemplo que cada uno puede acomodar a su realidad:

9,30 – 10
Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”

10 – 10,30
“En verdad te digo: Hoy estarás conmigo en el Paraíso”

10,30– 11
“¡Mujer, he ahí a tu Hijo!¡He ahí a tu madre!

11 – 11,30
“Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?

11,30– 12
“¡Tengo sed!”

12 – 12,30
“Todo está consumado”

12,30 – 13
“Padre en tus manos entrego mi Espíritu

 PRIMERA PALABRA
Nos ponemos en actitud orante. Tomamos conciencia de que Jesús está, en el Monumento, por amor. Él ama, a cada uno de los presentes, personalmente.
Es Viernes Santo. Es un día grande. Un día de celebración. Vamos a mirar a Jesús en la Cruz. Pero vamos a darle un giro a nuestra oración de siempre. Este año, no vamos a quedarnos anclados en el primer viernes Santo de la historia, cuando Jesús estaba acribillado y machacado por la injusticia humana.Este año vamos a hacerlo como lo haría María después de la resurrección.
Tenemos que darnos cuenta de que la Pasión de Cristo, a veces repele porque la miramos como el primer viernes Santo: como hundimiento y con la resurrección hemos visto que toda esa: contradicción y sin sentido ha pasado a ser revelación y afirmación del amor.
Todos hemos tenido experiencias de muerte, en seres muy queridos que nos han sumido en el dolor y cuando han pasado los años, hemos experimentado que el dolor sigue, pero es un dolor fecundo. Ese dolor nos ha enseñado muchas cosas, nos ha ayudado, nos ha madurado… y lo de Jesús ¿Va a ser distinto?
¡Qué triste sería una muerte ignominiosa, de un joven de 33 años, que lo único que había hecho era amar, si no hubiera servido para darnos vida en plenitud!
Pues desde esta perspectiva oramos con la: Primera Palabra
Canción.-
En este clima de oración, traemos a nuestra mente los últimos momentos de la Pasión de Jesús: su silencio, su porte, su dignidad… recordamos las palabras que pronunció ante los que lo interrogaban. Ahora lo vemos ya clavado en el madero. Imposible poder hablar. Imposible tener aliento para decir nada.
Pero, en un gesto sobrehumano que pone a todos en alerta, Jesús abre la boca y, al contrario de lo que podían esperar los que seguían allí; con voz entrecortada dice:
“Padre Perdónalos, porque no saben lo que hacen”
¡Los ha desbaratado! Si siquiera hubiera maldecido a los verdugos, les sería fácil justificar lo que han hecho, pero esta actitud los deja descolocados.
Por su cabeza pasa, en ese momento, lo que había hecho con la pecadora, su actitud ante la mujer sorprendida en adulterio…se dan cuenta de que, esto de perdonar no es nuevo para Jesús. El no ha venido a condenar, ha venido a salvar.
Ven que, nadie ha hablado de amor de una manera tan directa. Su lenguaje lo entendían todos. No hay lenguaje más claro que el del testimonio.
¡Amad, como yo os he amado! Había dicho a sus discípulos, poco tiempo antes. Y ¿Quién puede dar una recomendación de ese calibre, poniéndose él como referencia? Solamente Jesús. Y Aquí lo tenemos: amando, acogiendo, esperando, restaurando las vidas rotas y brindando una ternura que, solamente puede salir de un corazón como el suyo.
¡Padre perdónalos!
Canción.-Perdona a tu pueblo Señor.
Y, ahora Señor, te pedimos que nos perdones a nosotros. Perdónanos:
  • A los que seguimos teniendo miedo.
  • A los que nos asusta dar la cara.
  • A los que te vamos dejando relegado en nuestra vida.
  • A los que, no nos importan los daños de los demás, mientras nosotros sigamos viviendo bien.
  • (Se puede invitar a que la gente siga diciendo peticiones de perdón)
Te pedimos, también, que nos ayudes a perdonar a todos los que nos han ofendido, como Tú perdonaste a los que te entregaron, te maltrataron y te mataron.
Nosotros sabemos, que nos darás fuerzas para perdonar, para ello te decimos personalmente:
  • Señor Jesús, líbrame de mis resentimientos, mis angustias, mis intransigencias. Recuérdame, al mirarte, que el amor exige sosiego, servicialidad,entrega, perdón, donación.
  • Señor Jesús, Tú sabes que todavía no soy capaz de perdonar a mis enemigos como tú lo hiciste. Por eso, te pido que me des la gracia de ir cicatrizando mis heridas hasta que pueda mirar a la cara de mis enemigos y decir como Tú: ¡no sabían lo que hacían!
  • Señor Jesús, ayúdame también a perdonarme a mí mismo por no ser perfecto, por no ser capaz de perdonar sin límite, de creer sin límite, de esperar sin límite....
  • Y sobre todo Señor mándame tu luz para que ilumine todas las zonas oscuras que todavía existen en mi alma.
Después de unos minutos de silencio: brindaremos a todos a cogernos las manos para poner ante el Señor a todos los que nos han ofendido y rezar por ellos un: Padrenuestro.
Terminaremos diciendo:
Señor:
Aquí nos tienes ante Ti, en esta mañana de Viernes Santo, para que nos perdones y nos des la gracia de perdonar, como lo haces Tú. Cambia nuestro corazón duro y obstinado, por un corazón cálido, como el tuyo, propicio al perdón a la regeneración, a la entrega… a la donación total. Y que al salir de aquí volvamos a oír como la adúltera: ¿Nadie te ha condenado? Yo tampoco. ¡Vete y no peques más!

SEGUNDA PALABRA
Nos ponemos en actitud orante. Tomamos conciencia de que Jesús está ahí por amor. Porque ama a cada uno de los presentes personalmente.
Es Viernes Santo. Es un día grande. Un día de celebración. Vamos a mirar a Jesús en la Cruz. Pero vamos a darle un giro a nuestra oración de siempre. Este año, no vamos a quedarnos anclados en el primer viernes Santo de la historia, cuando Jesús estaba acribillado y machacado por la injusticia humana.Este año vamos a hacerlo como la haría María después de la resurrección.
Tenemos que darnos cuenta de que la Pasión de Cristo, a veces repele porque la miramos como el primer viernes Santo: como desmoronamiento y con la resurrección hemos visto que todo ese: hundimiento y sin sentido ha pasado a ser revelación y afirmación del amor.
Todos hemos tenido experiencias de muerte, en seres muy queridos que nos han sumido en el dolor y cuando han pasado los años, hemos experimentado que el dolor sigue, pero es un dolor fecundo. Ese Dolor nos ha enseñado muchas cosas, nos ha ayudado, nos ha madurado… y lo de Jesús ¿Va a ser distinto?
Desde esta perspectiva oramos con la: Segunda Palabra
Canción.-
“En verdad te digo: que hoy estarás conmigo en el Paraíso”
A nosotros siempre nos parece que Dios llega tarde y a destiempo, y, con facilidad, perdemos la paciencia.
Sin embargo, aquí tenemos a un ajusticiado que, a la misma hora de morir, es capaz de “arrebatar” a Jesús el Paraíso. ¡Me imagino que no le costaría mucho entrar en el corazón de Jesús, abierto de par en par!
También él podría haberle dicho a Jesús, lo mismo que le decimos nosotros: ¿Por qué no viniste antes y me habría ahorrado este suplicio? ¿Por qué has esperado tanto tiempo? ¿Por qué no me evitaste tantos problemas…? Mas, yo creo, que al ver en las condiciones en que se encontraba Jesús, tampoco le surgirían muchos -por qué-
Pero al otro lado de Jesús, hay un segundo condenado acabando su vida. Un embaucador, que está muy lejos de sentir arrepentimiento como el primero. Y ante nuestra realidad se presenta una nueva paradoja.
En cada momento de nuestra existencia aparece, una vereda con dos sendas y una opción para elegir: una vida precaria y mortecina o una vida plena y feliz. Un suplicio que sólo desprende muerte, o una esperanza fuente de vida y salvación.
Momentos de silencio.-
Canción.-
EL MALHECHOR ARREPENTIDO
Es verdad que este malhechor no puede besar la reliquia de la Cruz de Jesús como la besamos tú y yo. Tampoco puede levantar su Cruz para sacarla en procesión, tiene sus manos sujetas con dos clavos enormes para que sostengan su cuerpo, pero podía hablar y, aunque dificultosamente abre sus labios para orar. Y sin él saberlo ora ante la Cruz de Cristo doliente, procurando gritar lo suficiente, como para que su voz llegue hasta los oídos de Jesús.
Las palabras que salen de su boca son para confesarse pecador y su petición: una vaga frase entrecortada, pronunciada con temor: “acuérdate de mí. Acuérdate de este que no tiene a nadie para recordarle”
Los oídos de Jesús escucharon con nitidez. Para Él no era nada nuevo; llevaba toda la vida buscando pecadores para sanarlos, había comido con ellos y les había tendido su mano para levantarlos cuando se doblaban. Lo que pasa es que esto era distinto. Era un caso límite, un malhechor encontrado en el lugar de la ejecución, en el último instante de su vida.
¡Qué magnifico ejemplo nos dejó ese ladrón colgado de aquel madero!
Insospechadamente a su corazón había empezado a llegar la luz. Comienza en aquel suplicio, a contemplar la grandeza del corazón de Cristo. Ha escuchado las palabras salidas de sus labios para perdonar, para confiar, para orar... Y sin esperarlo escucha otras dirigidas a él que, todavía le parecen más sublimes que las anteriores: son para conceder su súplica. Comprende que el amor es infinitamente más grande que la ofensa y sin esperarlo, él que lo había perdido todo, se encuentra con un Reino. Su arrepentimiento arranca, del corazón de Jesús, esas palabras asombrosas: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”
Ya no nos queda ninguna duda de que Cristo llena el Paraíso de pecadores arrepentidos como el que le acaba de pedir su gracia.
Después de esto, ya no dudaré de mirar a la Cruz de frente. La contemplaré en silencio, sin prisas. Viendo a Cristo en la Cruz reconoceré que yo también necesito oír esas mismas palabras, que debo pedir perdón, que debo fijarme en Él y reconocerlo como mi Rey.
La Cruz me mostrará la grandeza de mi libertad. En las manos de cada uno está el bien y el mal; seamos valientes, pongámonos en silencio delante de Cristo Crucificado y desde esa misma libertad preguntémonosante el Señor ¿con qué ladrón quiero identificarme?
Todavía tenemos tiempo para descubrir la inmensidad del Corazón de Cristo, silencia tu interior contempla al Crucificado deja que te interpelen sus silencios, sus palabras, sus gestos… gusta de su bondad, bebe de su misericordia y pídele al “buen ladrón”, que ya está al lado de Jesús, que bese por ti al crucificado, pues los crucifijos que nosotros besamos en la tierra, están demasiado fríos.
Canción.
Sigamos, ante el Señor, con paz, con fe, con agradecimiento, con mucho amor. Y digámosle, desde lo más profundo de tu corazón:

No me mueve mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido,
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévanme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero, te quisiera”

TERCERA PALABRA
Es Viernes Santo. Es un día grande. Un día de celebración. Vamos a mirar a Jesús en la Cruz. Pero vamos a darle un giro a nuestra oración de siempre. Este año, no vamos a quedarnos anclados en el primer viernes Santo de la historia, cuando Jesús estaba acribillado y machacado por la injusticia humana.Este año vamos a hacerlo como la haría María después de la resurrección.
Tenemos que darnos cuenta de que la Pasión de Cristo, a veces repele porque la miramos como el primer viernes Santo: como desmoronamiento y con la resurrección hemos visto que todo ese: hundimiento y sin sentido ha pasado a ser revelación y afirmación del amor.
Todos hemos tenido experiencias de muerte, en seres muy queridos que nos han sumido en el dolor y cuando han pasado los años, hemos experimentado que el dolor sigue, pero es un dolor fecundo. Ese Dolor nos ha enseñado muchas cosas, nos ha ayudado, nos ha madurado… y lo de Jesús ¿Va a ser distinto?
Jesús nos mira desde la Cruz, quiere encontrarse con nosotros en esta hermosa mañana.
¿Con qué actitudes me gustaría estar ante Él?
Quizá la mejor actitud que puedo tener en este momento sea la de admirar y escuchar, aunque el corazón se me encoja al verlo.
Parece que Jesús quiere hacer un nuevo esfuerzo. Se levanta, un poco para coger aíre y, unas nuevas frases salen de su boca, es:
La tercera Palabra.
Canción.- 
“¡Mujer, ahí tienes a tu hijo! ¡Hijo ahí tienes a tu madre!
¿Os parece normal que alguien, a punto de morir se acuerde más de los que están a su lado, que de él mismo? Jesús sí. Jesús se acuerda de todos.
Nos dice el evangelio que: “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, María la mujer de Cleofás, María Magdalena y el discípulo que tanto amaba. Y que Jesús dice a su madre: ¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!
Jesús, sabe bien que su madre se queda sola, lo mismo que tantas mujeres sufren soledad por abandono o por muerte de sus seres queridos y no puede permitir que sea así. Sabe que Juan la cuidará bien, que ella será una gran ayuda para él y una referencia para las mujeres que se hallen en su situación.
Jesús sabe que María, su madre, tiene todavía un papel muy importante que realizar en la historia de salvación, sabe que a ella todavía le queda mucho por hacer; que necesita estar al lado de los discípulos para darles: confianza, esperanza, fuerza… pero no puede dejarla desamparada, necesita que alguien cuide de ella y ¿Quién mejor que Juan?
Pero si Jesús le deja arreglado el futuro a su Madre, tampoco quiere que nosotros quedemos huérfanos. Por eso, nos ha regalado una madre, la mejor de las madres: la suya. Es un gesto de amor que no acabaremos nunca de agradecer.
Jesús, estaba ya, a punto de morir. Cada rato que pasa respira con mayor dificultad. Parecía que su vida iba a terminar, de un momento a otro, pero no. Jesús, tenía que resistir un poco más, le faltaban algunas cosas por hacer. Quería legarnos un testamento, amplio, que nos ayudase en nuestro caminar por la vida.
En ese testamento nos está enseñado a perdonar, a confiar, a ser pacientes, a orar... Hemos notado que, entre frase y frase había un silencio que casi producía daño. Cada vez con mayor ahogo. Pero tiene que decirnos algo más; por el esfuerzo percibíamos su importancia. Con la voz mucho más quebrada que antes y dirigiéndose al discípulo que tanto amaba dice:
“¡Ahí tienes a tu Madre!”. Todos hemos quedado conmovidos del detalle. Pero lo importante es quenos demos cuenta que ese discípulo somos tú y yo. Es cada hombre con su rostro concreto y su característica individual. Jesús quiere que aprendamos, hoy,lo que es el amor-fiel, acogiendo a María como Madre. Su presencia te lo enseñará en el día a día. Pues junto a la Madre todo parece fácil, todo se hace realidad.
¡María, lo había aprendido, al abrazar a su Hijo muerto! Ella apostó todo arriesgo todo. Ella se abandonó en los brazos de Dios llena de fe y confianza.
Acerquémonos a la Madre, a la Virgen de los dolores, sintamos con ella la muerte de su Hijo clavado en una Cruz por el delito de amar demasiado y pon en sus manos tus sufrimientos para que los deposite en las manos de Cristo. Puede ser que no elimine la situación, pero la transformará en fuente de vida y alegría, capaz de hacerte redentor con Cristo.
Para ello, dile desde lo más profundo de tu corazón: Madre, vengo ante Ti, en este momento tan doloroso, con el corazón cargado de ansiedad. Vengo para acompañarte y, poner en tus manos estas realidades que, bien sabes, superan mis fuerzas; vengo para que le digas a tu Hijo que me ayude a superarlas.
  • Aquella persecución que nos hizo quedar en evidencia causándonos tanto dolor.
  • Ese juicio incierto que nos costó perder la fama.
  • Esa falta de comunicación en nuestra familia, que nos hace vivir como perfectos desconocidos.
  • Ese hijo que quiere marcharse de casa para tomar derroteros desconocidos.
  • Esa dificultad de caracteres que tanto dificulta la convivencia.
  • Esos silencios que tanto nos alejan.
  • Aquella enfermedad que cada día empeora haciendo que el cansancio se esté adueñando de nosotros.
  • Y sobre todo, traemos nuestro corazón para que le digas a Jesús que necesitamos cambiarlo por uno nuevo.
Canción.-
Vamos a seguir acompañando a María, un rato más, en su dolor, en su soledad y desde lo profundo del corazón digámosle quedamente:
Madre:
Bien sabes que no nos salen las palabras, que no queda nada por decir. Queremos solamente estar contigo en silencio, y esperar a tu lado el que todo esto pase.
Queremos que tu silencio y tu paz, envuelvan nuestras almas, despierte nuestros corazones y encienda nuestros rostros apagados y asustados.
Haznos conscientes de que la piedra del Sepulcro no se correrá con estruendos sino con suave susurro. Y que cuando Jesús despierte, despertarán, también, nuestras palabras convertidas en nueva creación.
Saldremos al encuentro, de tu Hijo, de puntillas; tras esta vigilia de silencio, y trataremos de respetar, de guardar y de acompañar su resplandor a tu lado. Y este silencio, Madre, nos servirá para proclamar el anuncio Pascual reconociéndolo como un acontecimiento inaudito. Como el hecho más sublime e importante para la vida del ser humano.

CUARTA PALABRA
Nos ponemos en actitud orante. Tomamos conciencia de que Jesús está ahí por amor. Porque ama a cada uno de los presentes personalmente.
Es Viernes Santo. Es un día grande. Un día de celebración. Vamos a mirar a Jesús en la Cruz. Pero vamos a darle un giro a nuestra oración de siempre. Este año, no vamos a quedarnos anclados en el primer viernes Santo de la historia, cuando Jesús estaba acribillado y machacado por la injusticia humana.Este año vamos a hacerlo como la haría María después de la resurrección.
Tenemos que darnos cuenta de que la Pasión de Cristo, a veces repele porque la miramos como el primer viernes Santo: como desmoronamiento y con la resurrección hemos visto que todo ese: hundimiento y sin sentido ha pasado a ser revelación y afirmación del amor.
Todos hemos tenido experiencias de muerte, en seres muy queridos que nos han sumido en el dolor y cuando han pasado los años, hemos experimentado que el dolor sigue, pero es un dolor fecundo. Ese Dolor nos ha enseñado muchas cosas, nos ha ayudado, nos ha madurado… y lo de Jesús ¿Va a ser distinto?
Vuelve a contemplar lo que Jesús va diciendo desde la Cruz. Observa lo que ve, desde la altura. Jesús: ve a su madre, al discípulo que ama, a los que están acompañándolos… el dolor que percibe, en ellos, traspasa su corazón donde ya no cabe más dolor. Pero también ve a los verdugos, a los que acaba de perdonar que, siguen con la misma actitud de antes.
Mira tu vida, observa en qué se parece y en qué se diferencia a todo lo que estás viendo.
Y, con este clima de recogimiento, oramos con la: Cuarta Palabra.
 Canción.
 “¡Diosmío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?!”
Nunca nos hubiéramos imaginado que Jesús pudiese decir esas palabras. Si nosotros creíamos, que a Jesús nunca le pasarían estas cosas.¡Sentirse abandonado!
Gran llamada de atención, para los que nos decimos cristianos y queremos vivir sin cruces y sin abandono.
Todos hemos experimentado que, lo queramos o no, nuestra vida esta llena de cruces y estamos clavados, con Jesús, en nuestra cruz de cada día. Y, es verdad que muchas veces nos revelamos y queremos bajar de ella y, nos encaramos con Dios preguntando ¿por qué me has abandonado?; pero, también sabemos que, en realidad, aunque veladamente, lo que le decimos al Señor es que no nos abandone; que somos flojos; que lo necesitamos cuando por las causas más inesperadas, somos clavados en la cruz.
¡Qué fácil es tener fe cuando todo va bien! ¡Pero qué difícil resulta cuando Dios calla! Aunque nos lo hayamos planteado, una y otra vez, en ese momento de angustia seguimos increpando a Dios ¿por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué de esta forma tan inesperada?
Nos asusta el abandono, nos asusta la cruz, nos asusta el silencio de Dios, nos asusta tener que sufrir. De ahí, ¡Nuestro afán por querer tapar el sufrimiento! ¡Qué esfuerzos para enmascararlo! ¡Qué miedo sentimos al mirar de frente la Cruz! ¿Cómo se nos puede pedir que contemplemos a un crucificado a punto de morir, tan demacrado, tan dolorido, que se queja de abandono?
Es grandioso ver que Jesús tuvo los mismos interrogantes que yo. Necesitamos caer en la cuenta de que, en lo individual, todos somos diferentes; pero como humanos todos pasamos por las mismas realidades: alegría, tristeza, dolor, miedo, regocijo, calma, desasosiego… Y, nos lo creamos o no, Jesús pasó por esas mismas situaciones y esos mismos interrogantes: Por eso, esta mañana se presenta ante nosotros ese grito, de Jesús: traumático y maravilloso a la vez: ¿Por qué me has abandonado? Silencio de Dios: sentirse abandonado. Pero Jesús, a diferencia nuestra clama con fe y esperanza: ¿Por qué? Interrogantes y golpes de todo ser humano.
Por eso, cuando a nosotros nos lleguen esas mismas situaciones, en lugar de quedar confundidos, Jesús nos ha enseñado, donde depositarlas: En las manos del Padre, para que Él las purifique.
Seguimos en oración. Y en este clima tan prodigioso, repasemos todas esas frustraciones, dudas, adversidades de la vida… vamos a irlas acogiendo, asimilando y sanando junto a Cristo en la Cruz, hasta ser capaces de decir: Vivo contento sin quejas, ni lamentaciones porque he comprendido que: en todo lo adverso de mi vida, Dios ha estado junto a mí, nada ha sido inadvertido para su corazón. “Él estaba allí aunque yo no lo sabía”
Canción.
Terminamos con una oración: La hacemos en plural, para incluir en ella a todos los, que hoy, no se acordarán de orar ante el Señor:
Alma de Cristo, santifícanos.
Cuerpo de Cristo, sálvanos.
Sangre de Cristo, embriáganos.
Agua del costado de Cristo, lávanos
Pasión de Cristo, confórtanos.
¡OH buen Jesús, óyenos!
Dentro de tus llagas, escóndenos,
no permitas que nos apartemos de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndenos,
en la hora de la muerte llámanos,
Y mándanos ir a Ti para que con tus santos,
te alabemos por los siglos de los siglos.Amén

QUINTA PALABRA
Aquí estamos, reunidos ante el Señor, en este día de Viernes Santo en el que la oración tiene que ocupar un lugar más privilegiado, una duración más prolongada y una densidad más profunda.
Porque hoy es un día grande. Un día de celebración. Vamos a mirar a Jesús en la Cruz. Pero vamos a darle un giro a nuestra oración de siempre. Este año, no vamos a quedarnos anclados en el primer viernes Santo de la historia, cuando Jesús estaba acribillado y machacado por la injusticia humana.Este año vamos a hacerlo como la haría María después de la resurrección.
Tenemos que darnos cuenta de que la Pasión de Cristo, a veces repele porque la miramos como el primer viernes Santo: como desmoronamiento y con la resurrección hemos visto que todo ese: hundimiento y sin sentido ha pasado a ser revelación y afirmación del amor.
Todos hemos tenido experiencias de muerte, en seres muy queridos que nos han sumido en el dolor y cuando han pasado los años, hemos experimentado que el dolor sigue, pero es un dolor fecundo. Ese Dolor nos ha enseñado muchas cosas, nos ha ayudado, nos ha madurado… y lo de Jesús ¿Va a ser distinto?
Jesús nos mira desde la Cruz, quiere encontrarse con nosotros en esta hermosa mañana.
¿Con qué actitudes me gustaría estar ante Él?
Quizá la mejor actitud que puedo tener en este momento sea la de admirar y escuchar, aunque el corazón se me encoja al verlo.
Parece que Jesús quiere hacer un nuevo esfuerzo. Se levanta, un poco para coger aíre y, unas nuevas frases salen de su boca, es: La quinta Palabra.
Canción.-
“¡Tengo sed!”
Jesús ha hecho, otro importante esfuerzo, para decir ¡Tengo sed! ¿Merecía la pena, esforzarse tanto para pronunciar esas “banales” palabras? ¿O acaso, lo que quería decirnos, era mucho más profundo que el pedir algo de beber? ¿De qué podía tener sed Jesús?
Después de lo que hemos visto yo creo que Jesús tiene sed de amor. Tiene sed de comprensión, de misericordia, de calidez, de compasión… Pero Jesús también tiene sed de que todos nos salvemos, de que vayamos por el camino que conduce a la vida, que seamos felices… Y en esa sed de Jesús no hay excepciones. Él esta muriendo por todas las personas de todos los tiempos: presente, pasado y futuro. En la Cruz no hay “enchufes”, en el corazón de Cristo estamos todos, porque mucho antes que, nuestra adscripción, de pertenecer a una determinada observancia, somos hijos: hijos muy queridos. Aunque sepa muy bien que muchos no quieran nada de eso. Aunque sepa que hoy se pretenden otras cosas, aunque observe que nosotros solamente queremos retazos de bienestar, adquirido a cualquier precio; tener todo controlado, manejar los hilos de la vida a nuestro antojo y que nos dejen de tonterías que no se ven ni se palpan.
Por eso, los que lo han crucificado y han oído sus palabras, sin entender nada, le acercan una esponja mojada en vinagre que Él, con mucho esfuerzo rechaza.
Ya se ha cumplido la primera parte de la sed de Jesús: Dios amando, incondicionalmente, hasta llegar a ser clavado en una cruz.
Pero llega la segunda parte. Y Yo:
¿Tengo sed de Dios?
¿Se habrá sentido Jesús amado por mí? ¿Se sentirá amado por nosotros, personas del siglo XXI? ¿Qué clase de sed tengo? ¿Qué clase de sed tenemos?
Es importante que me detenga, en esta mañana, junto a Jesús crucificado para ver si tengo sed de Dios, o tengo otro tipo de sed.
Jesús, siempre había sentido sed de acercarnos al Padre, de curar enfermedades, de sanar injusticias… y, para ello, no se sienta en un despacho a dar órdenes y firmar documentos. Jesús sale a la vida, sale a los caminos y, en uno de esos recorridos encuentra a una mujer que tiene “demasiada sed” sed.
Nos lo cuenta, con mucha belleza, San Juan, “el evangelista de los signos” Para el encuentro, Jesús elige a una mujer samaritana – en la podemos estar representados, cada uno de nosotros- que tiene sed, pero no precisamente de Dios, por eso ha ido a buscar agua a un pozo.
Jesús, se acerca y le muestra otro tipo de sed, otro tipo de fuente, otro tipo de pozo y otro tipo de agua. “Si bebes del agua que Yo te dé –le dice, Jesús, a la mujer- no volverás a tener sed” “¡Dame de esa agua Señor!
Vamos a oír, también nosotros esta mañana: ¡Venid a Mí! Cuando os aceche el hambre y la sed de ser justos,cuando tengáis sed de la verdad, cuando necesite paz vuestro corazón, cuando necesitéis llenar un vacío, cuando notéis que en la vida hay algo más esencial, cuando queráis encontrar la felicidad...
No esperes a sentir el amor de Dios cuando todo vaya bien. Dios está con nosotros en cada momento. Está cuando el camino es fácil y se realizan nuestros proyectos; pero quizá nos alcance más en los momentos de soledad, de prueba, de dificultad, de enfermedad...; en ese momento en el que crees estar solo, porque aunque no te hayas dado cuenta: tu dolor es su dolor y, tu inquietud la suya.
Acerquémonos a Jesús en esta mañana de viernes Santo para decirle que tenemos sed de Él. Pero que no queremos saciarla en otros pozos. Que queremos dejar: el cubo, la soga… y que, tan solo, queremos adorar en: “espíritu y verdad"
Canción.-
Oración:
Tú habías dicho, Señor, “El que tenga sed, que venga a mí y beba…” Y yo, hoy, quiero decirte que: tengo sed. ¡Tengo sed de Ti, Señor!
Y quiero llegar a tu fuente porque:
  • Me he convencido de que otras fuentes no me satisfacen.
  • Porque, he visto mi pobreza y busco, el agua que se ofrece sin cobrar.
  • Porque, necesito ese agua, que apaga la sed para siempre.
  • Porque quiero que seas Tú el que me des de beber.
  • Y porque, ciertamente, ¡Tengo sed de Ti, Señor!

SEXTA PALABRA
Aquí estamos, reunidos ante el Señor, en este día de viernes Santo en el que la oración tiene que ocupar un lugar más privilegiado, una duración más prolongada y una densidad más profunda.
Porque hoy es un día grande. Un día de celebración. Vamos a mirar a Jesús en la Cruz. Pero vamos a darle un giro a nuestra oración de siempre. Este año, no vamos a quedarnos anclados en el primer viernes Santo de la historia, cuando Jesús estaba acribillado y machacado por la injusticia humana.Este año vamos a hacerlo como la haría María después de la resurrección.
Tenemos que darnos cuenta de que la Pasión de Cristo, a veces repele porque la miramos como el primer viernes Santo: como desmoronamiento y con la resurrección hemos visto que todo ese: hundimiento y sin sentido ha pasado a ser revelación y afirmación del amor.
Todos hemos tenido experiencias de muerte, en seres muy queridos que nos han sumido en el dolor y cuando han pasado los años, hemos experimentado que el dolor sigue, pero es un dolor fecundo. Ese Dolor nos ha enseñado muchas cosas, nos ha ayudado, nos ha madurado… y lo de Jesús ¿Va a ser distinto?
Jesús nos mira desde la Cruz, quiere encontrarse con nosotros en esta hermosa mañana. ¿Con qué actitudes me gustaría estar ante Él?
Quizá la mejor actitud que puedo tener en este momento sea la de admirar y escuchar, aunque el corazón se me encoja al verlo.
Parece que Jesús quiere hacer un nuevo esfuerzo. Se levanta, un poco para coger aíre y, unas nuevas frases salen de su boca, es: La sexta Palabra.
Canción.-
“Todo está consumado”
Sabemos que hay situaciones en la vida que no tienen marcha atrás. Esta es una de ellas. ¿Quién no ha pasado por la experiencia de decir, ante un ser muy querido al que vemos sufrir de manera que hiela el alma, -qué Dios se acuerde de él cuanto antes-?
Son, esas realidades absolutas, que encierran estas mismas palabras: Todo está consumado.
Pero esto no es exclusivo de unos pocos. Todos tenemos que morir, todos tenemos que sufrir,todos llegaremos a la consumación total.
Sin embargo nos asusta hablar de ello. Cómo hablar de muerte, en un momento de la historia en el que, se lucha por no envejecer, por no sufrir enfermedades, por no mostrar el deterioro que produce el paso del tiempo… Hoy, no sólo se cuida el cuerpo, sino que se rinde culto al cuerpo.
Sin embargo, se nos ha olvidado cuidar el alma. Pero aquí está la realidad: sigue habiendo muertes quizá, más crueles que en otras épocas. Vemos que se mata a una persona, simplemente porque cae mal, porque no hace lo que otro quiere… Contamos, con cifras escalofriantes los accidentes de tráfico, muchas veces en gente joven; vemos atracos, violaciones, secuestros… Se presentan ante nosotros fronteras infranqueables, imposibles de atravesar y, ante ello ¿Qué hacer? La mayor parte de las veces no podemos hacer nada. Lo queramos o no: Todo está consumado.
Sin embargo hay cosas que no están consumadas, que tienen solución y, yo creo, que sería bueno que las mirásemos hoy desde la Cruz de Cristo.
Podemos mirar, estemundo moderno, donde nos toca vivir, lleno de desigualdades. En él existen países ricos donde prima la comodidad; haciéndonos renunciar a las exigencias de la salvación.
Hoy no aceptamos a nadie que nos hable de renuncia, de donación, de muerte. Pero por mucho que avance el progreso nadie podrá escapar de esta realidad consumada.
La muerte no tiene edad y menos la muerte que nos buscamos nosotros mismos esperando encontrar la felicidad.
También hay mucha, muerte en la familia. Problemas de todas las clases. Esposos que no se toleran, hijos que menosprecian a sus padres, malos entendimientos entre hermanos, fracasos económicos, familiares que han fallecido, quizá a temprana edad y de muertes con mucho sufrimiento... ¡Todo está consumado! Nos decimos.
Pero no es cierto, hay muertes de las que podemos salir. Acerquémonos hoy a Jesús para que nos enseñe a distinguirlas y cuando, de verdad nos lleguen esas pruebas a las que no podemos llegar, entonces sí, entonces acerquémonos a Jesús para decir a su lado:
Todo está consumado, que se cumpla tu voluntad, Padre”
Canción.
Es necesario, por tanto, aprender a vivir parasaber morir. Morir, un poco cada día, aprendiendo a dar retazos de nuestra vida a los demás, como lo hizo Jesús; sabiendo abrir el surco y dejar el grano en la tierra hasta que salga transformado. Sabiendo:
    • Que cuando alcanzo lo que busco algo termina en ese momento.
    • Cuando poseo lo que ansiaba algo está finalizando.
    • Y cuando mis sueños se hacen realidad la vida me presenta una nueva alternativa.
Sabiendo
    • Que cuando me parece que creo, se presenta ante mí una nueva duda.
    • Cuando digo que espero llega a mí la siguiente desesperanza.
    • Y cuando digo que amo, noto que empieza a disminuir mi entrega.
    • Pero, sabiendo también, que, llegará un momento, en que no tendré nuevas oportunidades; como Jesús y junto a Jesús, tendré que decir: todo está consumado.

SEPTIMA PALABRA
Es Viernes Santo. Tan solo falta esta última palabra para que Jesús muera, el sol se oscurezca, la tierra tiemble y, la certeza de que Jesús era Dios, quede confirmada.
Estamos mirando de frente a la muerte ¡Cuántas realidades se descubren ante una muerte!
Mirando a Jesús, en esta mañana, nos damos cuenta de que la muerte es el acto definitivo del ser humano. El trance en el que, en realidad, nos encontramos con nuestro destino.
La muerte deja al descubierto el misterio humano, acentúa la soledad, pone a prueba la relación con las personas y cuestiona la fe y la esperanza.
Ante la muerte todos nos encontramos desamparados y abandonados. Por eso se grita en el momento de la muerte: Gritos sonoros y gritos silenciosos; gritos sin respuesta, gritos callados, gritos lanzados hacia un resquicio de esperanza, gritos en medio de la noche oscura, donde la claridad, sólo podrá aparecer, con un acto firme de fe.
Vamos a mirar, de nuevo, a Jesús en la Cruz. Pero vamos a darle un giro a nuestra oración de siempre. Este año, no vamos a quedarnos anclados en el primer viernes Santo de la historia, cuando Jesús estaba acribillado y machacado por la injusticia humana.Este año vamos a hacerlo como la haría María después de la resurrección.
Todos hemos tenido experiencias de muerte, en seres muy queridos que nos han sumido en el dolor y cuando han pasado los años, hemos experimentado que el dolor sigue, pero es un dolor fecundo. Ese dolor nos ha enseñado muchas cosas, nos ha ayudado, nos ha madurado… y lo de Jesús ¿Va a ser distinto?
Jesús nos mira desde la Cruz, quiere encontrarse con nosotros en esta hermosa mañana.
¿Con qué actitudes me gustaría estar ante Él?
Quizá la mejor actitud que puedo tener en este momento sea la de admirar y escuchar, aunque el corazón se me encoja al verlo.
Parece que Jesús quiere hacer un nuevo esfuerzo, cada vez le cuesta más, lanzar alguna palabra. Pero esta será la última y definitiva palabra, así levantándose, un poco para coger aíre, grita con voz más potente que las veces anteriores es: La séptima Palabra.

Canción.-
“A tus manos, Señor, encomiendo mi Espíritu”
Jesús acaba de morir. Todo lo creado, salido de sus manos y de su corazón, se estremece; la gente corre de un lugar a otro; nadie entiende lo que pasa… pero los que han estado junto a Jesús, saben que esto es una señal, que no es una cosa casual; desde el primer momento han visto que este hombre no era como los demás. Y el centurión, jefe de la ejecución, exclama ante el asombro de todos: ¡Verdaderamente, este hombre, es hijo de Dios!
  • El grito de Jesús, no dejó a nadie indiferente, pero lo que ellos no sabían es que ese grito fue el que dio a la muerte un sentido de salvación.
  • Ese grito fue el que hizo capaz, la transformación necesaria, para que la muerte se convirtiera en vida.
  • Ese grito nos dio la certeza de que en la Cruz de Jesús se abrieron, de par en par, las puertas del Reino.
Por eso, hoy es un día de Recogimiento ante la Cruz. Yo os invito a desnudar nuestra alma. A vivir, con fuerza, el momento de la comunión con los hermanos. A demostrar, por fuera y por dentro, que queremos morir a todo lo viejo, que tanto nos ata, para Resucitar con Cristo a la vida en plenitud.
Al comulgar, esta tarde, hagámoslo como si fuera la primera y última vez de nuestra vida, como si tanta grandeza desbordara el alma. Dedica tiempo al silencio. Adora, alaba, pide, agradece......
Jesús, el Señor, tu Señor, en el mayor gesto de amor que la humanidad podrá tener en todos los siglos, desde la gratuidad más absoluta, acaba de dar su vida por nosotros. Él nos amaba y nos sigue amando hoy como entonces.
Vuelve a mirar la Cruz. Vuelve a ver como, Jesús:
Inclinando la cabeza, entregó su espíritu”
Todo se ha cumplido. La plenitud de Dios entrando, por su Espíritu, en la existencia de los seres humanos. Ya tenemos el Espíritu de Dios. Jesús ha derramando la vida por todos. La ha derramado por ti por mí; por la comunidad a la que pertenecemos, por toda la Iglesia.
Con ello no quiere proponernos un ideal evangélico inalcanzable, simplemente quiere decirnos: Abrid vuestro ser para que se haga en vosotros la voluntad de Dios.
Amaos con fuerza, porque yo seguiré amando en vosotros. En vosotros seguiré poniéndome al servicio de los demás.
Por eso es tan importante orar con la lectura de la pasión que hoy se nos ofrece. Dedícale tiempo, Haz silencio, oye lo que el Señor quiere decirte a ti, personalmente, en este momento. Y
Al final descubrirás que ese joven, que acaba de morir, ha muerto por ti, y por mí, y por todos. Y, lo queramos o no, Él es nuestro Señor y nuestro Dios.
Canción.-
Para terminar lo hacemos con la siguiente oración:
Señor:
Aquí estoy ante el sufrimiento que me brinda tu Cruz.
Mires donde mires te topas con el dolor. Y, Señor, hay tantas clases de dolor.
Aquí estoy ante el sufrimiento del enfermo.
Ante el sufrimiento del que espera.
Ante el sufrimiento del que duda, del que protesta, del que rechaza, del que se revela, del que no acepta.
Aquí estoy ante el sufrimiento del silencio, de la misericordia, del amor.
¡Qué abanico de realidades encierra cada palabra que sale de nuestra entraña! ¡Qué abanico de sentimientos despliega nuestro corazón herido!
Y Tú los conoces todos, Señor.
Tú estabas en el sufrimiento de Pedro al ver que había traicionado a su mejor amigo.
Tú estabas junto al sufrimiento del “buen ladrón” en su arrepentimiento.
Tú estabas en el sufrimiento del otro crucificado incapaz de aceptarlo.
Tú estabas en el sufrimiento de Judas al ver que no puede dar marcha atrás.
Tú estabas en el sufrimiento de los apóstoles en espera de acontecimientos.
Tú estabas en el sufrimiento de tu Madre donde reinaba toda la grandeza de un corazón entregado y disponible.
Tú estabas, en aquel Viernes Santo, sufriendo en tu cuerpo y en tu alma todos los sufrimientos del mundo para que nadie pueda decir que no tiene sentido el dolor.
Tú diste sentido a la humillación, al tedio, al miedo, a la duda, a la soledad, a la cobardía, a la desesperanza.
Tú diste sentido a la huída, al desprecio, a la incoherencia.
Por eso pudiste decir, con fuerza: “Padre a tus manos encomiendo mi Espíritu”
Porque, Tú convertiste lo negativo en positivo, lo insoportable en sublime, lo perecedero en inmortal.
Tú convertiste la muerte en RESURRECCIÓN.

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